sábado 16 de junio de 2007

Mi cuarto

Hasta hace unos años, yo salía de mi casa y regresaba encontrando un cuarto inmaculado. Ninguna muestra de polvo, la cama tendida, mi ropa limpia, nada en el piso y lo que me parecía espectacular las ventanas abiertas de par en par, no importaba si era invierno.

Desde hace un par de años, yo empecé a ordenar mi cuarto y créanme que me esmeraba. Quedaba igual de inmaculado que cuando María, una chica que nos acompaño durante años y se convirtió en parte de la familia, lo arreglaba.

Un párrafo aparte para ella. Regresó a Ayacucho, había salido de ahí por el terrorismo, sin ninguna esperanza de vida allá. Hoy regresa por con un hijo en el vientre y un hijo que la espera. La vida regresó para ella y eso nos alegró mucho. En fin, ella será parte de algún futuro post.

Mi cuarto es como el de todos no, cuatro paredes un techo, una puerta y una ventana. Bueno, en mi caso es un ventanal y una ventanita chica que da a la calle. La cama, el escritorio, pintado de blanco humo, tele, súper (ahí me quedé) un par de sillones el closet, en fin.

Ayer me asusté. Con las justas podía caminar, las colillas de cigarro seguían en un improvisado cenicero, envolturas de galletas, mi cama destendida, una botella de inca kola. Es decir una verdadera mierda.

Me pregunté como era que podía dormir en ese sitio, y es que tendrían que verlo, era espantoso. Hoy me levante en la mañana y mientras renegaba por faltar por decimoquinta vez a mi práctica de digital empecé a ordenar mi cuarto.

Me entusiasmé tanto que sal{i a comprar pintura, pero el tiempo no me dio. Mañana, si se puede, lo pintaré, no permitiré que vuelva a estar como lo viste. Que feo en realidad, ni sé como me animé a enseñártelo, pero bueno, ya está.

Hoy luce mucho mejor y la verdad es que dormiré mucho más tranquilo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

hermoso una poesia de la vida cotidiana, y yo que soy de muy lejos asombrado por la magia del capitalismo. Tengo, aunque no conosca la bebida, una remera de inka cola