
Hace no mucho tiempo, un sábado como cualquier otro, un grupo de amigos salimos a disfrutar de las bondades que puede entregar una noche de juerga. La noche pintaba bien. Un ron empezaría la noche y no se cuántas chelas la coronarían.
Decidimos ir a un sitio que al final nunca entramos, luego llegamos a un bar barranquino conocido por poner rock y que ya es un clásico en Barranco. Ahí terminaríamos la noche, noche que no pensé que terminaría así.
Buenos amigos me acompañaban, nombrarlos es en vano. Sé que ustedes saben quienes son y que también saben a que día me estoy refiriendo. Dentro del grupo había una chica que siempre me agradó, siempre estuve dispuesto a intentar algo, pero por cuestiones de la vida las cosas siempre nos separaban.
Esa noche sería totalmente diferente. Prácticamente la pasamos juntos. Unos ojos inquisidores me miraban cada vez que mi celular sonaba por algún mensaje o si recibía alguna llamada. Me sentía extraño.
La noche iba avanzando, se conversó, se tomó, se brindó, se coqueteó y hasta ese momento seguía siendo un sábado normal, dentro de todo. Hasta que luego, en circunstancias que aún no me explico, nos dimos un beso.
Fue extraño, pero me gustó. Fue algo que ninguno de los dos buscamos (o eso creo) simplemente nació. Habrá sido el alcohol, que considero no era mucho, quizás la misma noche, las circunstancias o simplemente un arranque que llevábamos escondido ya cierto tiempo.
Decidimos ir a un sitio que al final nunca entramos, luego llegamos a un bar barranquino conocido por poner rock y que ya es un clásico en Barranco. Ahí terminaríamos la noche, noche que no pensé que terminaría así.
Buenos amigos me acompañaban, nombrarlos es en vano. Sé que ustedes saben quienes son y que también saben a que día me estoy refiriendo. Dentro del grupo había una chica que siempre me agradó, siempre estuve dispuesto a intentar algo, pero por cuestiones de la vida las cosas siempre nos separaban.
Esa noche sería totalmente diferente. Prácticamente la pasamos juntos. Unos ojos inquisidores me miraban cada vez que mi celular sonaba por algún mensaje o si recibía alguna llamada. Me sentía extraño.
La noche iba avanzando, se conversó, se tomó, se brindó, se coqueteó y hasta ese momento seguía siendo un sábado normal, dentro de todo. Hasta que luego, en circunstancias que aún no me explico, nos dimos un beso.
Fue extraño, pero me gustó. Fue algo que ninguno de los dos buscamos (o eso creo) simplemente nació. Habrá sido el alcohol, que considero no era mucho, quizás la misma noche, las circunstancias o simplemente un arranque que llevábamos escondido ya cierto tiempo.
Escribí este post para que sepas que me gustó. Que si no te he hablado del tema es por que creo que tu no quieres tocarlo y que si algún día estás dispuesta a repetir lo de ese sábado, o mejorarlo, pues aquí estoy.




7 comentarios:
Ojala que entienda el mensaje
Un abrazo
que buena foto!
pe pée pe pé pe pée...
no fue el trago, nunca lo es, es el mejor pretexto eso si...
Que sigan los pretextos!!! Grande Poroto...jajajaja
mas pichulin ya?
Reitero lo de anonimo anterior (q sabe dos quien sera...) Grande Poroto!!!!!! jejejeje
linda forma de decirle a alguien lo q sientes ojala q lo entienda y se de cuenta de lo q tiene al frente!!!!
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